Durante la cuarentena realizada en el 2020 y ahora en el 2021, se incrementó un 20% del consumo de luz en los hogares ya que tanto el trabajo remoto, el uso de la televisión para que los niños no descuidaran sus estudios y el uso más frecuente de electrodomésticos hicieron más llevadera la vida en cuarentena. Los reclamos por los cobros excesivos por las empresas de luz no se hicieron esperar. Sectores vulnerables como los asentamientos humanos viven con el problema de la luz constantemente. No contar con los ingresos suficientes para poder establecer una caja eléctrica, no cumplir con los estándares requeridos para electrificación urbana y los constantes robos en las calles por no tener luz son pan de cada día.
El asentamiento humano 23 de enero, más conocido como “ El Mirador “, está conformado por 43 casas y son alrededor de 155 personas las que viven en la constante lucha por poder mantener una tensión de luz decente. Este lugar comenzó su desarrollo partiendo de una invasión en el 2014 y construyendo sus propias escaleras para poder contar con postes electricos. En este lugar vive la familia Poma que constantemente luchan por poder mantener una tensión de luz adecuada para sus necesidades y poder darle una mejor calidad de vida a su hija. Jesús es electricista y se las ingenio para que un vecino pueda proporcionar luz a cambio de un pago, el cual no es barato para la zona. Este problema no es de ahora, es de siempre y es que las autoridades municipales no hacen nada al respecto mientras que a su problema con la luz, el agua y la indiferencia se le suma el COVID19.
